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Las ideologías del resentimiento

Desde el inicio de la historia humana, hay conglomerados que luchan por mejorar sus condiciones de vida y otros que culpan a sus contemporáneos de sus miserias, muchas veces con pretextos para amargarle el momento a quienes consideran privilegiados de la fortuna, la Naturaleza y los mismos dioses concebidos en el transcurrir de la existencia.

La intelectualidad sitúa el concepto “ideología” en el siglo XVIII francés, contemporáneo a la Revolución Francesa. El mismo se popularizó en todo el mundo durante los dos siglos siguientes, hasta llegarse a plantear la llegada a su fin a finales del XX, época en la que el filósofo norteamericano de origen japonés, Francis Fukuyama, llegó a sentenciar “el fin de la Historia”.

Aunque el argumento amerita de un trabajo de mucha profundidad y extensión, es posible sintetizar lo que entendemos como “ideologías del resentimiento”, para definir aquellas que antes que procurar mejorar las condiciones de vida de las llamadas “clases oprimidas”, solo contribuyen con perjudicar a gente que ha trabajado por el bienestar de los suyos, en una supuesta defensa de quienes se han quedado rezagados en escalas económicas y sociales. También haciendo que grupos se consideren víctimas de la naturaleza por el sexo con que nacieron.

Se evidencian como “ideologías del resentimiento” el marxismo, con su propuesta de sociedad socialista como paso previo a la comunista, de Carlos Marx; el anticristianismo de Friedrich Nietzsche, que procura “demoler las tradiciones” y el moralismo;  el feminismo radical iniciado por la existencialista francesa Simone de Beuvoir, hasta culminar con lo que hoy se conoce como wokismo o progresismo, precursores de la destrucción de la familia tradicional, auxiliados por la llamada ideología de género, profesada por las comunidades LGTBIQ.

El padre del marxismo, socialismo, comunismo o como se le quiera llamar, era hijo de un abogado judío que en todas las biografías es definido como “relativamente rico”. Si una cualidad se ha destacado en los pertenecientes a las familias judías es la facilidad con la que suelen abonar grandes fortunas. Pero a Marx lo que le interesó fue rebelar y condenar  los secretos de esa cualidad mediante el estudio de “El Capital” y la “Plusvalía”, obtenidos por el industrial o burgués, en su defensa al obrero o proletario que se ganaba la vida y la de su familia en las empresas.

Entendemos que los pobres de la época de Marx, tiempos en los que las empresas industriales crecían en Europa, le hubieran agradecido más que en vez de “defenderlos” de los señores burgueses, hubiera creado sus propias fábricas para darle empleo con mejores condiciones de las que tenían en las empresas de los que decía combatir.

El propio Marx, como empleado, fue inestable en todos los países europeos que llegó a vivir, Alemania, Inglaterra, Francia, lo que tuvo consecuencias nefastas para su familia, hijos y esposa, en la que no faltaran los que murieran de hambre, enfermedades derivadas de la misma,  y los suicidios.

Cualquier persona de inteligencia promedio llega a la conclusión de que es inconcebible que “el proletariado”, integrado por los menos instruidos de las sociedades industrializadas,  llegara a crear una “dictadura” sobre los más destacados en la escala profesional, intelectual y  social.  Fue necesario el paso de los años, el desarrollo de la tecnología que fue desplazando la mano de obra humana, hasta llegar a lo que hoy se conoce como Inteligencia Artificial, para que todo el mundo se convenza de que esa ideología era un absurdo colosal.

Pero la ideología marxista hacía daños económicos y culturales. Al definir la religión como “el opio del pueblo”, estaba satanizando un recurso al que acude la humanidad en procura de lenitivo frente al dolor y los misterios inexplicables de la existencia. La religión, asumida en feligresía y congregaciones, es también una manera de satisfacer la necesidad que tiene la especie humana de agruparse para objetivos comunes, por la condición de “animal social” que en ella percibiera el gran Aristóteles desde la Antigüedad Clásica de Grecia.

Los que hoy se consideran izquierdistas, seguidores de Marx,  no hablan ahora de crear “la dictadura del proletariado”, ni de una defensa a ultranza a una clase obrera extinguida con el tiempo. El izquierdismo de hoy mantiene sus concepciones antirreligiosas, por lo que cita con mucha frecuencia al filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien se opone al moralismo tradicional en su ensayo Genealogía de la Moral y al cristianismo en El Anticristo, libro en el que acuñó su proclama de que “Dios ha muerto”.

Nietzsche, lo mismo que Marx, no propone un estado de felicidad para el ser humano, sino que recomienda el poder como la única condición que da sentido a la vida. Una experiencia sentimental traumática con la hermosa rusa Lou Salomé, de quien fue rechazado después que le pidiera matrimonio, parece haber radicalizado las posiciones del filósofo, hijo del pastor protestante de Rocken, un pobladito alemán del siglo XIX.

Muchos biógrafos de Adolfo Hitler aseguran que la vida y obra del dictador en la Alemania Nazi estuvieron inspiradas en el autor de La voluntad de Poder. Las consecuencias de la ideología del resentimiento nietzscheano pueden observarse en la Alemania de hoy, que ni siquiera cuenta con un ejército para defender sus posiciones políticas internacionales ante una sociedad global. La derrota al nazismo en la Segunda Guerra Mundial la dejó en esas condiciones.

Entre las más absurda de las ideologías del resentimiento está el feminismo radical, que entiende que su lucha debe ir dirigida contra la biología, lo que implica un combate a la ciencia y a la naturaleza, bajo el criterio de que las mismas privilegian al hombre en perjuicio de la mujer. Sus seguidores entran, por tanto en una descalificación grosera contra la cultura, las tradiciones, y ni hablar de la religión. El auge de esa ideología tiene en jaque a la familia biológica o nuclear, con efectos trágicos para la sociedad del presente en el hemisferio occidental, y muy particularmente a la República Dominicana.

Una selección de textos publicada hace décadas en un manual por el Centro de Investigación para la Acción Femenina (CIPAF), reproducía el ideal del feminismo radical con una cita del ensayo La Dialéctica Sexual, de la feminista estadounidense Shulamith Firestone: “La dominación de un grupo por el otro se deriva de esta distinción biológica hombre/mujer.” Más adelante proclama que “la revolución feminista implica la eliminación de los privilegios masculinos mediante la eliminación de la diferenciación sexual misma y la destrucción de la familia biológica como forma básica de la organización social”.

Para quienes tenían dudas, está claro que en la agenda del feminismo es fundamental la destrucción de la familia nuclear, en la que ha descansado la sociedad. La autora precisa que solo “así podrá la mujer liberarse de su biología opresiva y crear su independencia económica y la de los hijos, y surgirán libertades sexuales no alcanzadas hasta hoy”.

Esas libertades sexuales no alcanzadas hasta hoy hacer recordar actitudes y planteamientos de su antecesora Simone de Beuvoir, desvinculada del sistema educativo en Francia por pedofilia en los años 40 del siglo pasado. Esas libertades sexuales explica la alianza del feminismo con las comunidades LGTBIQ, compuestas por homosexuales y lesbianas, opuestas a la heterosexualidad como si se tratara de una desviación peligrosa.

Todas las ideologías del resentimiento se agrupan hoy en el denominado “wokismo”, que según los investigadores comenzó con la lucha de los negros por los derechos civiles en los Estados Unidos. Gracias a líderes como Martin Luther King y otros valiosos hombres y mujeres, sin distinción de razas ni clases sociales, esos derechos fueron alcanzados en la década de los años 60 del siglo pasado.

Pero las ideologías del resentimiento quieren que el negro no valore sus derechos adquiridos  y siga amargado y resentido contra el blanco. Porque de eso se trata. Ya no es la lucha del obrero contra el burgués, del proletario contra el industrial ni del esclavo contra el amo. Para las ideologías del resentimiento, hoy el opresor de la mujer es el hombre, por el hecho de serlo; del homosexual, el heterosexual, por el hecho de serlo; del negro es el blanco, por el hecho de serlo y del pobre es el rico, también por el hecho de serlo, pese a que en la mayoría de los casos el rico le crea las condiciones para un empleo digno con el que se mantiene él y su familia.

Prometemos seguir con el tema del wokismo y las ideologías del resentimiento, debido a que quienes luchan por la preservación de la familia, como base de una sociedad armónica y saludable, desconocen muchas veces los orígenes de la violencia que las afecta, con divisiones, enemistades y tragedias, donde niños inocentes cargan con las peores consecuencias. Tanto las iglesias cristianas y los partidos políticos que se definen socialcristianos y democristianos, debieran estudiar estos fenómenos, porque como planteó el chino Sun Tzu, las batallas no se ganan por la cantidad de los soldados, sino sabiendo siempre por dónde va el enemigo y logrando que el enemigo nunca sepa por dónde va usted. Por lo que veo, muchos cristianos dominicanos, de la política y de las iglesias, ni siquiera saben quién es el enemigo.

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