Logo enTelevisión

El desorden que emerge del nuevo orden mundial

(Primera parte)

Los más recientes enfrentamientos en Irán, Ucrania-Rusia e Israel-Palestina-Líbano están marcando una nueva tendencia en el escenario mundial.

Estamos presenciando un mundo cada vez más lleno de conflictos bélicos y el retorno de unas relaciones internacionales más beligerantes.

La diplomacia parece encontrarse ausente, mientras la preponderancia militar se eleva nuevamente como la vía por excelencia para dirimir conflictos.

Tradicionalmente, las grandes potencias han marcado el rumbo del destino del resto del mundo.

Hoy, los países más poderosos parecen deslizarse hacia un nuevo escenario donde imperan el caos y la incertidumbre. Los movimientos de la geopolítica y de la geoeconomía parecen estar configurando el umbral del surgimiento de un nuevo orden mundial.

Se hace difícil pronosticar hacia dónde se dirige exactamente el mundo actual y cuál será el resultado final de las confrontaciones presentes.

Las relaciones internacionales habían estado estrechamente definidas con el llamado orden mundial protagonizado por las directrices de las Naciones Unidas (ONU).

Dos grandes acontecimientos del siglo XX dieron origen al nacimiento de nuevas estructuras de relaciones entre los países: la Segunda Guerra Mundial y la desaparición del bloque socialista soviético. Ambos, en distintos momentos de la historia, marcaron profundamente el devenir político y económico del mundo.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial se abrió paso a una nueva era, en la que se aspiraba a poner fin a la amenaza de nuevas guerras y a establecer la cooperación como el factor principal en las relaciones entre los Estados.

Así, mediante un gran acuerdo mundial, se creó la estructura que daría origen a un nuevo orden internacional. Surgieron instituciones como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras entidades de cooperación global. Con ellas se proclamaba el fin de las guerras y el advenimiento de un mundo que aspiraba a vivir bajo los principios de paz y cooperación.

Estas instituciones formaron la base del orden internacional que ha organizado el mundo durante los últimos ochenta años. Un sistema que, aun siendo imperfecto, ha desempeñado un papel importante en la preservación de la diplomacia y en la promoción de cierta cooperación entre las naciones.

Posteriormente, sin embargo, la comunidad internacional experimentó un largo período de tensiones entre los países comunistas liderados por la Unión Soviética y los países capitalistas encabezados por los Estados Unidos. Ese período histórico, conocido como la Guerra Fría, estuvo marcado por la amenaza permanente de una guerra que nunca llegó a materializarse directamente entre las dos potencias.

No obstante, sí se produjeron enfrentamientos en terceros países que quedaron bajo la influencia de uno u otro bloque, donde se desarrollaron movimientos revolucionarios y contrarrevolucionarios que reflejaban la disputa ideológica global.

Con el paso del tiempo, el bloque comunista entró en una profunda crisis que culminó con la desaparición del sistema socialista liderado por la Unión Soviética y la desintegración de la propia URSS. Este acontecimiento dio paso al establecimiento de un mundo prácticamente unipolar, en el que las confrontaciones ideológicas entre comunismo y capitalismo parecían haber quedado definitivamente en el pasado.

Con la desaparición del bloque comunista, los Estados Unidos y las principales potencias capitalistas entraron en una etapa de expansión del sistema económico de libre mercado.

En ese nuevo escenario, la geopolítica perdió parte de su protagonismo y comenzó a imponerse con mayor fuerza la geoeconomía. Las relaciones económicas y el libre comercio adquirieron una relevancia central en la organización del sistema internacional.

Las decisiones de las grandes potencias comenzaron a orientarse hacia la búsqueda de las mejores ventajas competitivas para producir bienes y servicios en cualquier parte del planeta.

El mundo pasó a convertirse en un gran mercado global, donde la distancia geográfica dejó de ser un obstáculo para que el capital internacional se desplazara e instalara en cualquier país.

Lo que algunos pensadores han denominado “capitalismo salvaje” se consolidó como el principal motor de la inversión global. Uno de sus rasgos más característicos fue la búsqueda constante de mano de obra barata, sin importar el país donde se encontrara.

De este proceso de expansión de las leyes del capitalismo surgió una gran oportunidad para China. El país abrió sus puertas y ofreció condiciones favorables para atraer a las grandes empresas de Estados Unidos y de otras partes del mundo.

Con el tiempo, China se fue convirtiendo en el lugar que ofrecía las mejores condiciones para la producción industrial a gran escala. Gradualmente, una parte significativa del capital productivo mundial se trasladó hacia su territorio.

Como resultado de ese proceso impulsado por la geoeconomía y por las propias dinámicas del mercado internacional, China terminó consolidándose como una de las principales potencias económicas del mundo.

Subscribete a nustro canal de YouTube
más de Opiniones