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La crisis biográfica y el edadismo

En la lectura cotidiana de los diarios, impresos y digitales, además de revisiones de libros publicados en los últimos años, nos encontramos con un dato sorprendente y al mismo tiempo preocupante. Se trata de la ausencia de datos biográficos de personas referidas en las noticias, en el caso de los diarios, en tanto que muchas obras se están publicando sin destacar fecha y lugar de nacimiento de los autores. Es lo que definimos como una crisis biográfica.

En el periodismo ortodoxo, cuando se daba la información sobre la muerte de una persona, entre los datos que se ofrecían estaba la edad y el pueblo de origen. Ahora se habla de toda una trayectoria profesional, artística o deportiva sin que se hable de lo que antes era el inicio de toda biografía. Tampoco se mencionan los nombres de los padres, como era de rigor.

Hasta hace poco, cuando el Poder ejecutivo designaba un funcionario de primera línea, un jefe de Policía, por ejemplo, se publicaba su semblanza señalando la fecha y ciudad de nacimiento, día, mes y año del ingreso a la institución, con una cronología de sus ascensos y puestos desempeñados. Hemos visto que esa mística ha pasado a la historia.

Hemos llegado a preguntarnos, ¿por qué tanto miedo a la biografía? La interrogante nos ha llevado a plantearnos hipótesis como los prejuicios y estigmas que fomentan los nuevos estilos de vida frente a la persona por motivos de edad, lo que organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMC) y la Oficina Panamericana para la Salud (OPS) han bautizado con el término “edadismo”, una forma de discriminación parecida al racismo y al sexismo.

Los organismos referidos más arriba entienden que el edadismo “surge cuando la edad se utiliza para categorizar y dividir a las personas por atributos que ocasionan daño, desventaja o injusticia y menoscaban la solidaridad intergeneracional".

“El edadismo perjudica nuestra salud y bienestar y constituye un obstáculo importante para la formulación de políticas eficaces y la adopción de medidas relativas al envejecimiento saludable, tal como reconocen los estados miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la estrategia y plan de acción mundiales sobre el envejecimiento y la salud en el decenio  del Envejecimiento Saludable (2021-2030).

Mientras el República Dominicana muy poca gente le presta atención al edadismo, que viene acompañado de un visible terror por la biografía, la OMS dice que en repuesta a la indicada manera de discriminación pidió “que se pusiera en marcha con sus asociados una campaña mundial de lucha contra el edadismo”, de manera que prevalezca “un mundo para todas las edades”.

Expertos de la conducta humana revelan que el edadismo es una discriminación hacia las personas mayores, pertenecientes a la tercera y la cuarta edad, limitándole la posibilidad de participar en las tomas de decisiones, marginándolas de los espacios en la televisión y el cine, bajo el criterio de que “en medios tan basados en la imagen, la vejez no vende por ser considerada antiestética”.

El psicólogo español Arturo Torres planea que por la marginación de los medios masivos “las personas mayores carecen de referentes y no disponen de figuras que visibilicen  sus problemas propios y su situación”. También destaca la discriminación laboral. “Una de las muestras de edadismo más claras es la discriminación que sufren muchas personas mayores que quieren trabajar y que tienen la capacidad de hacerlo bien. El simple hecho de pasar de una cierta edad es una negativa en rotundo a ser contratadas, lo cual significa que es complicado salir del paro. Además, esto lo sufre incluso gene que aún no ha llegado a los 60 años”.

El edadismo fomenta la estigmatización de la sexualidad en la gente mayor, su descalificación en su capacidad para pensar, el control excesivo de sus vidas, lo que se manifiesta en lo personal, hasta el punto de que para muchos a las personas mayores debían ser excluidas del derecho a votar.

Probablemente el edadismo esté contribuyendo a eliminar las biografías de los diarios y los libros. Fue una tradición dominicana decir que las mujeres no tenían por qué revelar su edad. El asunto es que ya ha estado ocurriendo con los hombres, tal vez temerosos a las consecuencias que acarrea el nuevo tipo de discriminación.

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